Arte floral con Rosas

Las rosas son las reinas de nuestras flores. Existen de todas las variedades y para todos los usos: en el exterior, los rosales miniatura plantados en linderos se cortan con cizalla como los bojes; tapizantes, instalados en una rocalla, visten tiestos y jardineras, plantados en decorativos macizos. Los trepadores de arbusto espinoso recubren con una avalancha de flores un viejo muro, un pórtico, un cenador, un árbol viejo, etc. Y en la casa, los ramos alegran a todo el mundo.

Las rosas deben manipularse con gran cuidado. Para disponer a voluntad de flores para ramos, conviene plantar en un rincón del jardín algunas variedades de rosales previstos para este uso, incluyendo también algunas variedades perfumadas.

La recogida en el jardín se efectúa por la mañana o por la noche, con la fresca, si no queremos que las rosas se marchiten rápidamente. Realice un corte limpio con una podadera bien afilada, al bies y con el tallo más largo posible para las rosas únicas de los híbridos de té, porque se instalan mejor en los jarrones, o para los ramos de flores agrupadas de los Floribunda. Sin embargo, todo depende también del uso que quiera darles. Justo después de cogerlas, deposítelas en una cesta de fondo plano. Lléveselo
todo a casa, a la fresca, y póngalas sobre una mesa. Quite las espinas y, antes de utilizar las flores, déjelas reposar en un gran cubo de agua fresca. Corte el tallo al bies muy agudo para generar el mayor contacto posible con el agua, lo que se conseguirá también al retirar las espinas. Cada vez que saque una rosa del agua y cambie el agua de un ramo (cada día), hay que volver a cortar el tallo para refrescar la parte absorbente del mismo.

El ramo de Rosas

Es la más sencilla y clásica utilización de las rosas. Lo más bonito, para las rosas unifloras, es utilizar un florero para una sola flor de cristal o de simple vidrio impecablemente limpio y brillante. Puede componer un ramo con las mismas rosas, del mismo color, sobre todo si son olorosas. Es necesario retirar las hojas que puedan mojarse. En el caso de las rosas unifloras, dos o tres bastan para formar un bonito ramo armonioso por la forma y el color de sus flores y hojas. Puede jugar con la transparencia, escoger dos jarroncitos idénticos, instalar en cada uno de ellos una rosa de distinto tamaño y disponerlos uno junto a otro. También puede jugar con los colores y los materiales de un jarrón de terracota o de una bonita taza de té, además de asociar las rosas con otras flores y follajes. Es una cuestión de gusto y de lo que tenga a disposición en su jardín. Pero
componer un ramo es una creación y un verdadero placer.

Por el contrario, en el caso de las rosas agrupadas en ramos en un mismo tallo, juegue al efecto de masa. Tres o cuatro tallos muy floridos reunidos en un gran jarrón de porcelana o loza dan un magnífico efecto de color y luz. También resulta muy bello el gran jarrón para flores de tallos cortos en el que se agrupan las rosas por colores alternando con grupos de otras flores de temporada: peonías, margaritas, espuelas de caballero, etc. Para arreglarlas mejor entre sí, coloque en el fondo del jarrón una rejilla flexible en la que pueda insertarlas, y que resulte invisible.

Para la decoración de una mesa, un gran cuenco de cristal lleno de rosas cuyos rabillos se han cortado al ras y que flotan libremente proporciona un efecto bastante logrado, al igual que simples pétalos flotantes. Para los cisnes sedosos que rozan los rosales
De caricias de pluma medio luminosa,
Deshoja infinita una rosa nívea ¿Qué más puede hacerse con las rosas? Adornar una capellina de paja, componer un ramo de novia, una corona de dama de honor, decorar el ojal de una solapa, llenar un canastillo…

La Capellina

Escoja un sencillo sombrero de paja de verano. Corte, con 20 cm de rabillo y una o dos hojas, dos bellas rosas de tonos parecidos, o claramente distintos para una capellina menos elegante (Por ejemplo una amarillo anaranjado y una blanca, o bien una blanca y una púrpura). Reúna los dos tallos en torno a un alambre flexible y enróllelo todo en una cinta adhesiva. Colóquelo en el borde del sombrero y enrolle en torno a la cofia. Ate un pañuelo de muselina ligera y lisa del color del sombrero para ocultar los rabillos.

Ramo de novia – Ramo de dama de honor

Escoja una preciosa rosa blanca como flor central y rodéela regularmente de una corona de claveles de un blanco puro. Añada todos los claveles necesarios, bien alineados en círculo, para obtener el tamaño del ramo deseado, mediano para el ramo de novia, más modesto para el de las damas de honor. Ate las flores con hilos de rafia retorcidos y acabe el ramo con un bonito volante de papel blanco que atará con una cinta blanca. La asociación de la rosa y los claveles es perfecta para este estilo de ramo.

Sin embargo, si opta sólo por rosas blancas o rosas, o una mezcla sutil de los dos colores, escoja una flor en capullo como flor central, rodeada de flores abiertas del mismo tamaño. Añada en el borde hojas ligeras, del tipo fronda de helecho, e incluso hojas de zanahoria, menta abigarrada, hojas abigarradas de hosta, y átelo todo junto con una trenza de rafia.

Corona de dama de honor

Se monta a partir de capullos recién abiertos de rosas pequeñas. Después de medir el contorno de cabeza de la niña, corte un alambre flexible de un tamaño algo mayor. Coja unas hojas pequeñas de hiedra y el número deseado de rosas. Corte el rabillo de los capullos y perfórelos con un alambre en la parte carnosa del tallo, doblándolo retorcido para convertirlo en un tallo que se rodeará de cinta adhesiva verde. Efectúe la misma operación con la hiedra. Coloque las rosas en el mismo sentido en el contorno de la cabeza alternando con la hiedra, y retuerza los tallos alrededor. No confeccione la corona hasta el último momento y, una vez acabada, vaporícela con una fina bruma de agua fresca. Su efecto es encantador.

El ojal de la solapa

Escoja la rosa (pequeña o en capullo) en función del color del traje. Recorte parcialmente un helecho de forma que le quede un peciolo de 10 cm. Coloque delante pero un poco más bajo el capullo de flor con un rabillo del mismo tamaño. Encierre los dos tallos en una cinta adhesiva, bien enrollada. Corte al tamaño deseado y fije la flor en el reverso mediante un imperdible pasándola por el ojal. También se puede decorar el ojal de una solapa con hojas de rosal.

La cesta de Rosas

El mimbre casa bien con las rosas. Y una cesta llena de rosas es un bonito regalo para ofrecer en verano con ocasión de una cena, ¡y más original que una botella! Procúrese una cesta de tamaño razonable y recorte un bloque de espuma de florista que se adapte al interior, sobre una hoja de plástico o de aluminio situada en el fondo de la cesta, dejando que suba un poco en los lados interiores. Moje bien la espuma y pinche en ella los tallos de rosas decoradas con algunas hojas, empezando por los bordes y dando la vuelta para llegar al centro. Deje que caigan por los lados con naturalidad y mantenga el asa despejada.

El Popurrí

El popurrí permite conservar durante mucho tiempo los aromas estivales del jardín. Una vez marchitas las rosas, no las tire a la basura. Las del jardín se conservan bien y a menudo mantienen su perfume durante algún tiempo, sobre todo las rosas antiguas (rosas de China, Bourbon, Centifolia, Damasco, Gálica y las variedades de R. rugosa). Deshójelas sencillamente en un frasco de cristal. Mejor aún: si tiene muchos rosales, coja las flores recién abiertas, y por lo tanto aún muy perfumadas, por la mañana antes del mediodía. Recójalas a diario durante el periodo de floración. Guarde algunas en capullo, de las demás retire cálices y tallos y extienda los pétalos sobre una rejilla fina, dejando que se sequen un poco al abrigo del sol antes de apretarlos en el frasco. El popurrí seco es una forma de decoración tan agradable a la vista como al olfato.

Hay que recoger los pétalos por capas de colores distintos, separadas mediante palitos de canela, y apretarlos bien. Puede añadirles aceites esenciales (esencia de rosa, de limón, de romero), especias cardamomo, clavo, canela, nuez moscada, macis, vainilla, alcaravea, anís, pimienta negra) para reforzar los perfumes. Y nada le impide mezclarles los pétalos de otras flores y plantas aromáticas secas, entre ellas la lavanda, la salvia, la menta y la albahaca.

Antiguamente existían unos frascos especiales, entre los que destacaba un modelo muy de moda en el siglo XVIII, que incluye dos tapas (que, con suerte, aún es posible hallar en tiendas de antigüedades, pues son poco frecuentes). Una está perforada para dejar que pasen los aromas, la otra es hermética para conservar los perfumes en el interior para los popurrís húmedos.

A veces, estos popurrís resultan encantadores tanto en un cuarto de baño como en una habitación, donde emanan sus delicados aromas.

El secado de las rosas se efectúa o bien al aire libre con la ayuda de un gel de sílice (farmacias), o bien en horno a temperatura suave, o también en el microondas; en este caso, en el fondo del recipiente propio para el uso en microondas (caja de cartón, de plástico), extienda una capa de gel de sílice, después las flores y luego una nueva capa de gel de sílice, coloque en el horno medio vaso de agua, regúlelo a la máxima potencia y caliente entre uno y cuatro minutos según la cantidad que quiera deshidratar